La exhuberancia de la palabra




Prosa del transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia de Blaise Cendrars
Apunte del mundo entero al corazón del mundo

«No obstante yo era un poeta muy malo
no sabía llegar al fondo de las cosas».

¿Qué es el lenguaje sino una poética del infinito?
Cendrars inicia su viaje en un ritmo que vuela lejos, a la otra orilla, a lo intempestivo. La Prosa del transiberiano no es aislamiento sintáctico, ni representación de una idea. Es la construcción del cuerpo en el lenguaje. La reacción concatena lo discontinuo. Signo que no piensa, signo que el poeta perfora en la significancia de la palabra que organiza el discurso.
Poesía como multiplicidad. Poesía como ética. El movimiento del tren en el que todos viajan, impide que el pensamiento duerma.
Blaise se deslumbra ante la presencia de Jehanne, y en ella el ritmo configura al sujeto. La subjetivización: «Como mi vida no me abriga más que esa manta escocesa y toda Europa entrevista por el parabrisas de un expreso a toda máquina».
Hay músicos y no hay para quién. Pero hay músicos y entonces hay música y más que el sentido, está el valor. El poema no se limita a lo existente. Regresamos y el signo se rompe, se quiebra. Ella está desnuda, no tiene cuerpo, es demasiado pobre. En esta noche similar a otras cien mil se juega un orden diferente. El juego del lenguaje y de la vida suceden en simultáneo.
Qué habremos de deducir sino el estar en camino del poeta que cae sobre todas sus ruedas y más. Todas. Y leer sabiendo leer los hilos telegráficos de los que cuelgan los sonidos. La potencia llamando al silencio construye la escucha del poema. El ritmo crea el sentido, da forma, es la forma.
Choques, rebrotes, un acorde falso. Cendrars nos regala un acorde verdadero. «Somos una tormenta bajo el cráneo de un sordo». En rigor, lo que existe trasciende el encierro de una hermenéutica. Porque lo que existe es una entonación que provoca el goce visceral. Aquí, en lo impenetrable de «los lisiados del espacio» el mundo moderno es llamado a explorar lo inexplorable.
El poeta nos lleva hacia el canto de la nostalgia. Enumera en lo heterogéneo del sonido, jugando la significancia. Voces, perros que ladran, y el haz tu oficio del escribiente-dicente. Invitación al pensar y texto como huella.
Movimiento y fuerza indivisibles «tengo piedad tengo piedad ven a mí te contaré una historia». El fuego primitivo, prometeico, el discurso en la entonación. Elemento capital, ancilar, el ritmo nos devuelve las palabras. El enunciado no es aquello a ser descifrado. Lo descifrable es la musicalidad de un universo que desborda. La enunciación.
Cendrars no necesita tomar notas de viaje. Construye en las figuras de lo indecible. En el silencio. El antiguo juego de los versos. La Mongolia que retumba como un incendio. Llagas abiertas. La reciprocidad que se inventa en el poema.

©Silvia Camerotto

Bibliografía
Fuente Primaria
Cendrars, Blaise, Prosa del transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia, Madrid, 2003, Visor libros. (Traducción de Enrique Molina)
imagen de Marc Chagall, en El deseo de la palabra 

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