Pervivencia del mito en Santa Juana de los mataderos de Bertold Brecht

Segunda Parte

Dark vs. Arco
En un siglo en el que la reelaboración de un mito fue propicia, las analogías en la obra de Brecht, no son ni triviales ni accidentales. Su prédica cínica es un intento por desestructurar una sociedad. El autor disfraza el tema de Juana de Arco, es el anti-pathos. No recurre a las figuras clásicas de la tragedia, ni hay un héroe de fuerza sobrehumana. La lucha triunfal contra las fuerzas del mal y el sacrificio heroico se ausentan ante el sacrificio utilitario de la Dark. Los personajes de Brecht son seres ante un sufrimiento absurdo porque no pueden luchar contra las leyes de la historia. La doctrina marxista del arte sabe del error y la angustia y Brecht, magistral, no desconoce que la derrota es momentánea. La desesperación se convierte en un pecado mortal. Los obreros, a quienes: «¡El infierno mismo nos cierra sus puertas!», (Brecht, 1956:12), se pierden en la crisis, mientras Juana predica el evangelio, basado en valores feudales, promulgando la recuperación de Dios. La «sombría época de sangrienta confusión». (Brecht, 1956:12), un pueblo oscuro ciego de Dios. Trazando un paralelo entre el mito histórico-religioso de Juana de Arco y la protagonista, Dios es el elemento de salvación. Juana y Johanna son solo intermediarias entre el hombre y Dios. Juana salvará al Delfín, Johanna a los humildes. Ambas ruegan porque estas almas perdidas salgan de la miseria pero la miseria histórica no tiene remedio y tampoco la espiritual.
En el «primer paso hacia la profundidad».(Brecht, 1956: 12) de la Dark, el extrañamiento de Brecht comienza a funcionar en manos del mito social, centrado en los motivos de la explotación y la arbitrariedad que reina, llamando al pueblo a la razón. Los antiguos fantasmas trágicos no tienen cabida, porque la tragedia es plausible en la realidad, no fuera de ella. Brecht ilustra un conjunto de comportamientos, cuya relación articula el contenido de la obra apropiándose de esta mitología degradada. En su relación oblicua con el marxismo trabaja desde su desesperanza y despliega un realismo desolador. En palabras de los Negros Sombreros de Paja: «¡Te vemos, hombre que naufragas, y oímos tu grito de socorro![…]¡Tú te derrumbas, míranos, oh, míranos hermanos antes de perecer». (Brecht 1956:13). El género trágico queda a su antojo, en un juego cínico y revolucionario. Los Negros Sombreros de Paja distribuyen su tratado ‘El Grito de Guerra’. En ‘Las cinco dificultades para decir la verdad’, Brecht se pregunta: «¿De qué sirve escribir valientemente que nos hundimos en la barbarie si no se dice por qué?». (Brecht, s/d). Johanna sabe que Dios reclama del hombre un brillo diferente: «Todos queréis llegar arriba, pero, ¿qué clase de arriba es ése y de qué manera queréis llegar allí?». (Brecht, 1956: 15). En el camino de «las querellas del mundo». (Brecht, 1956: 17), Martha y los Sombreros Negros le advierten que su intervención no ha de dejarla inmune, porque la pureza se pierde allí donde «la frialdad todo lo domina». (Brecht, 1956: 18). La noción del sacrificio mítico-religioso ha desaparecido. Mauler se transforma como alguna vez lo hizo Carlos VII: hálito de otro mundo.¿Hasta qué punto se sostiene esta transformación? ¿Es Mauler consecuente con sus dichos y sus actos? Acostumbrado a las simulaciones, inconmovible, insiste en la maldad de los pobres, sobrevendrá la traición. En la Juana histórica, el Delfín la traiciona no pagando el rescate que le es exigido para salvarla. En la Juana de Brecht, la conciencia de Johanna la lleva a traicionarse a sí misma.
En el «segundo paso en la profundidad». (Brecht, 1956: 28). Slift acompaña a Johanna en su peregrinaje de anagnórisis. Intenta demostrar a la mujer la ruindad de los pobres. La confianza en los pobres va mermando ante los hechos que se suceden, pero justifica dicha ruindad en la pobreza: «Si la ruindad de estas gentes no tiene límites, tampoco los tiene su pobreza. Lo que me has demostrado no es la perversidad de los pobres, sino la pobreza de los pobres. […] Habláis de depravación, pero su miserable rostro la desmiente». (Brecht, 1956: 33). En la figura del sombrero de Mauler, Brecht, asume su visión de un mundo desacralizado y la alteración del orden de valores. El sombrero sustituirá la cabeza del hombre, porque la cabeza del hombre no vale nada. Casi sobre el final de la obra, en diálogo con Slift, éste último le advertirá a Mauler: «Para qué me sirve tu cabeza. Tu sombrero, ése sí que vale un dólar». (Brecht, 1956: 92).
En la obra se exponen claramente las maniobras económicas, legalizadas dentro del sistema. Johanna hace un intento por restaurar el desarrollo humano dentro del capitalismo. La restauración cabe, desde diferentes ópticas, a las dos Juanas: restauración del poder, restauración del orden, restauración de humanidad. Hay que seguir la palabra de Dios para lograrlo. Brecht en la transposición paródica del mito de Juana de Arco resemantiza la historia verdadera, adoptando una forma sagrada que le confiera significado, para luego tratar esta supervivencia como forma contraria. El poeta crea una nueva categoría, sin invalidar el carácter originario del personaje. La verdad histórica se transforma en devenir social e individual. Marx, en su doctrina, despoja a la historia de una significación trascendente. Considera los momentos históricos solo una lucha de clases. «En nuestra Misión trabajamos como burros de carga. ¡Y pensar que aquí arriba hacéis semejantes cosas! [...] ¿Es que pretendíais, acaso, taparle la boca al buen Dios?». (Brecht, 1956: 43). Misión como espacio, misión como tarea encomendada. Johanna exhorta a que la sigan. ¿Es acaso Johanna ‘el grillo’, símbolo de la vida, la muerte y la resurrección, que ha de ser cazado? Slift cree que la teniente ha perturbado la mente de Mauler. Mauler ignora por qué las palabras de Juana lo conmocionaron. Llama a esas palabras ‘tontos discursos’, ‘palabrerío’. Regresa la ironía: «Sin duda porque son vanos y quien los dice trabaja dieciocho horas al día sufriendo la lluvia y el hambre». (Brecht, 1956: 46). Él, que ha cargado con toda la carne del mundo no ha de comprar ni un sombrero más. Entonces cae toda prerrogativa, toda superioridad. Esta operación lingüística explica la inversión de los contenidos de la obra.
De la lectura bíblica surge: «Entró Jesús en el templo de Dios y arrojó de allí a cuantos vendían y compraban en él, y derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas, diciéndoles: ‘Escrito está: Mi casa será llamada la casa de la oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones’». (Sagrada Biblia, 1977: 1182). Aquellas personas aprovechaban el culto de Dios para enriquecerse. Cuando el profeta los echa, ellos obedecen. Brecht toma el Evangelio para que el drama se intensifique: «Expulsión de los mercaderes del templo». (Brecht, 1956: 51). El arquetipo sigue con el proceso de degradación. Las notas de color local se multiplican. El modelo es reactualizado. Porque «El hombre, aunque escape a todo lo demás, seguirá siendo inexorablemente prisionero de sus intuiciones arquetípicas, creadas en el momento en que llegó a tener conciencia de su situación en el cosmos. Lo absoluto no puede extirparse, solo puede degradarse». (Mircea Eliade, 2000: 604). Las miserias no son cuestiones del destino, sino que «provocadas por unos pocos que de ellas sacan provecho». (Brecht, 1956: 53). Los Sombreros Negros están por encima de cualquier lucha. «Aquí está nuestra Santa Juana de la Bolsa de la Carne», (Brecht, 1956: 55). La Santa Patrona de Francia es parodiada como la Patrona de los matarifes. Johanna, se indigna de la situación de las pobres gentes. Los que están arriba no ayudan a los que están abajo, los especuladores se atreven a entrar en la casa de Dios solo porque tienen dinero. «¡Fuera de aquí, y rápido, porque si no os maltrataré! ¡No me detendréis, ya sé lo que tengo que hacer, aunque por demasiado tiempo no lo supe!». (Brecht, 1956: 56). La teniente aún confía en que podrá restituir la divinidad.
Snyder la llama ‘muchacha perturbada’. Él está, como dijo antes, ‘del lado de acá’. Exige a Johanna que se quite el uniforme. La Juana histórica, al ser capturada por los ingleses, fue obligada a quitarse sus ‘ropas masculinas’. Luego de ser conmutada su sentencia a cadena perpetua, volvió a usar vestidos de hombre, por lo que de nuevo fue condenada, pero esta vez por un tribunal secular. En la obra de Brecht, Juana es escoria que debe regresar a la escoria hasta el momento en que se convierta en elemento útil para las maquinaciones de los ricos. La ex-teniente no comprende que ella se encuentra situada justo en medio de dos gigantescos ejércitos, cuyas diferencias son irreconciliables.
El dinero es un devorador de oídos y rostros, jugando el papel de sustituto en la base de la pirámide humana. «No pienses del dinero como una imbécil que lo considera algo sospechoso. Hazte cargo de la realidad, de la chata realidad, que tal vez no sea agradable pero precisamente es real», (Brecht, 1956: 62), le dice Mauler a Johanna. Los fabricantes de carnes se enriquecen. La miseria de los obreros crece. Estamos frente a un panorama de la desolación. Brecht ante la pregunta sobre el desamparo humano, demuestra que la maldad entre los hombres deja a Dios ‘suprimido’. Johanna debe llevar Su voz hasta los barrios de la miseria y hasta los mataderos. Mauler no alcanza a comprender el verdadero sentido de las palabras de esta mujer. «Y usted, que vive de la pobreza y no puede ver a los pobres, condena mientras tanto lo que no conoce, y juzga así sin reparo alguno lo que no ve, a esas gentes desahuciadas y abandonadas en los mataderos». (Brecht, 1956: 63).
Llegamos al «tercer paso en la profundidad». (Brecht, 1956: 65) y Juana sueña como soñó la Juana histórica, cuyas huestes marchan para restituir la corona al Delfín. Johanna ve la marcha de la miseria, extendiéndose por las plazas de Chicago. Comienza el camino de retroceso. Ella tampoco será comprendida. Martha habla de la luz de encontrar a Jesús. Pero todo es desesperadamente inútil: «Donde está Nuestro Señor, Jesús, no esta la violencia sino la paz; no hay odio, sino amor. (Es completamente inútil). Por eso, arrimad la olla al calor». (Brecht, 1956: 68). Johanna acusa a los Sombreros Negros por su hipocresía. La señora Luckerniddle quiere actos que se simplifican en un tazón de sopa.
Aparece la palabra comunista. Johanna quiere saber dónde están estos que se solidarizan con los obreros sin trabajo y ofrece su colaboración. Los obreros piden que se reabran las fábricas. Confían a Juana la entrega de una carta. La especulación se desencadena en la Bolsa de la Carne. Las masas corren en medio de tiros y alborotos. El drama sigue el proceso en esta zona del mundo donde los elementos se relacionan con su figura central. Al llegar con la carta, Juana es interceptada por un grupo de periodistas. La parodia sigue su curso: «Nuestra querida Juana Dark, la muchacha de los mataderos, declara que Dios se solidariza con los obreros de la carne». (Brecht, 1956: 76). Pero ella no ha dicho esto y volvemos a trazar el paralelo con la Juana histórica: ellas pretenden comunicar a los hombres los designios de Dios.
¿Cómo reacciona entonces el espectador frente a la maquinaria de la mentira que se instala en el escenario? ¿Cómo reacciona Johanna? «Ahora comprendo este sistema, conocido desde hace mucho en su exterior, pero no en su íntima estructura. Unos pocos están sentados arriba y muchos, abajo; los de arriba, gritan a los de abajo: subid aquí para que estemos todos arriba. Pero si miras bien adviertes que hay algo escondido entre los que están arriba y los que están abajo. Algo que parece un camino, pero no, no es un camino; es tan solo una tabla, y entonces ves con toda claridad que es como la tabla de una de esas balanzas con las que juegan los niños, que todo el sistema es una balanza con dos extremos y que la posición de cada uno de ellos depende de la posición del otro; de suerte que los que están sentados arriba, solo lo están a causa de los que están sentados abajo ». (Brecht, 1956: 77).
Las grandes intenciones de Juana se fortalecen en sus sueños así como su hermana histórica se fortalecía en sus visiones. Voces del interior dicen que a ella pertenece «a Su Divina Majestad, que mora en las nubes». (Brecht, 1956: 78). Los hombres se abandonaron de Dios. «Sí, casi una comedia me parece, una comedia indigna, el quedarme aquí sin estar apremiada por la más dura necesidad». (Brecht, 1956: 78). La comedia trágica conjura las bajezas del hombre. Llega la noticia de la apertura de los mataderos. Los periodistas le adjudican a Johanna el haber sido la tejedora del triunfo. Ella confía, inocente, en que se restituirá el trabajo. Pero «el hambre enseña [...] y la miseria habla de necesidad». (Brecht, 1956: 80). Esta escuela desconocida de la violencia, lejos de la mística de la sangre y de la voluntad divina el ser humano vuelve a estar inmerso en medio de un mundo en el que no puede confiar. La relación feudal, sustituida por la relación capitalista de patrono-empleado, la relación del hombre con el hambre que aliena y ella luchando por rescatar lo humano. Cierta noción de pérdida ante un hombre que no sigue las antiguas leyes, y la maldad operante, hacen que Juana emprenda el camino de regreso. Mauler, en las fronteras de la miseria, habla de su desdicha: «La desdicha alcanza abajo a los que están abajo. A mí, empero, me golpea más alto; alcanza mi espíritu». (Brecht, 1956: 83). El fracaso de la causa ya es un hecho. Juana se niega a entregar la carta y es acusada de impostora.
Las Juanas escuchan voces, las voces de Dios para la Juana histórica serán las de la conciencia para la de Brecht. «Ninguna disculpa tiene el que no cumple. La piedra no perdona y cae sobre ella. La que debía llegar y cumplir no nos importuna siquiera dándonos cuenta de sus dificultades, sino que, calladamente, se abandona a sí misma y abandona lo que le confiamos». (Brecht, 1956: 84). Juana no ha cumplido con su misión. Vuelven a repetirse las tormentas de nieve con extrema violencia: el favor de los dioses se ha congelado. «Se han roto los diques de la fe y la fangosa ola del materialismo baña ya amenazadora su última casa», (Brecht, 1956: 88), proclaman los Negros Sombreros de Paja. Los miembros del Ejército de Salvación están siendo desalojados y claman para que Mauler los salve, pero es Mauler quien se arrodilla y pide ser confesado. «Me acuso de haber explotado a los hombres, de haber abusado de la fuerza, de haber desposeído a todos, en nombre de la propiedad. Durante siete días apreté el cuello de esta ciudad de Chicago hasta que reventó». (Brecht, 1956: 89). Siete días tardó Dios en su creación. Brecht vuelve a ironizar: libros de cuentas se entremezclan con plegarias. Y los Negros Sombreros de Paja se lamentan del Mauler que ha llegado converso y sin dinero. Un corazón tampoco tiene valor. La vida es «un ciclo de mercaderías». (Brecht, 1956: 90), donde solo «Hay demasiada carne». (Brecht, 1956: 94). Carne para ser interpretada simbólicamente.
El círculo capitalista vuelve a cerrarse: hay que despedir obreros y bajar los salarios. El hombre cada vez más ciego. Mauler habla, sin embargo de «el miope pueblo». (Brecht, 1956: 95). A esta altura del análisis nos preguntamos quién es más brutal: ¿los obreros incitando a la violencia en medio de sus reclamos?, ¿el capitalismo que sofoca una huelga a costa de una renovada pobreza? La miseria empuja hacia puertas sin ninguna llave. Johanna escucha las cínicas palabras de los periodistas: «La cuestión se resolvió de manera ambigua. La huelga quedó sin efecto. Los frigoríficos volverán a abrir sus puertas, pero solo ocuparán a las dos terceras partes del personal, y solo pagarán las dos terceras partes de los antiguos salarios. Pero la carne será más cara». (Brecht, 1956: 98, 99). Luego cae desplomada.La Santa Juana ha fallado en su única misión. Pero llega «como venida del cielo», (Brecht, 1956: 104), para ser exhibida ante la gente. Presa de las maquinaciones de los pudientes Johanna sabe que el abismo que separa a los de arriba de los de abajo es un abismo sin cara. La explotación y el desorden, dentro del sistema brutal, no tiene remedio. El hombre es incapaz de elevarse. «Juana Dark, de veinticinco años de edad, luchadora y víctima en el servicio de Dios, murió de una pulmonía contraída en los mataderos». (Brecht, 1956: 108). La pureza sin mancha no salvo a la Dark de la muerte, ni tampoco a la Doncella de Orleáns de la hoguera. El peso de la carne empuja al hombre hacia abajo. La necesidad ha cerrado sus ojos.

Conclusión
En Santa Juana de los Mataderos, Brecht nos planta frente a las contradicciones del mundo moderno. Su materialismo dialéctico desenmascara los puntos de vista de la clase dominante. Uniendo el concepto de ‘realismo’ al de ‘popularidad’, el escritor entronca con las tradiciones para darles continuidad. Parodia los yambos heroicos de Schiller y el lenguaje bíblico. Denuncia la infamia de las tramitaciones de la bolsa, la especulación y la miseria. Concernido por la esencia del hombre, Brecht, plantea en la obra la ceguera en la que éste se encuentra. Porque «el pensar se deja reclamar por el ser para decir la verdad del ser». (Heidegger, 2005: s/d). La historia que presenciamos se ordena en un eterno devenir del mundo bajo un mito re-significado. Las circunstancias y los espacios varían, pero no varía el proceder de los individuos. Difícil es exponer los hechos históricos como lo hace el escritor en torno a una simbología trazada de antemano para el arte de la reflexión.Allí es hacia donde se dirige: al hombre y sus contradicciones, a sus dos almas. La fortuna no irrumpe desde el destino, sino que somos sus forjadores. La marcha de las cosas se desestabiliza consecuentemente con el cambio político-social. El punto de vista no se circunscribe a una mirada religiosa o política sino que se amplia en el campo de la vinculación esencial del hombre con el ser. Porque en la literatura no hay burda imitación sino inteligente interpretación. Los hechos se autoimplican, comprometiéndose con el mito para dejarnos un mensaje de restitución y también, de imposibilidad. Es en el rango del pensamiento donde Brecht ataca. Descolocarnos de la comodidad parece ser la consigna. El realismo contemporáneo exige el estudio de la evolución temporal y causal. Brecht trabaja con el mito para desestabilizar nuestra percepción.
En el cierre de esta lectura de Santa Juana de los mataderos, nos preguntamos: ¿Cuánto hemos cambiado? La respuesta es, apenas nada.

© Silvia Camerotto


Bibliografía
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